Psicomoda: La influencia del vestir en nuestra sociedad

Han sido numerosos los estudios realizados con la intención de desvelar el papel de la moda en las sociedades modernas. Hoy en día, lo que he podido deducir por las respuestas de la gente y las mías propias, es que la moda, se caracteriza por la diferenciación.

 

En estos tiempos han surgido posturas cada vez más complejas y ambiguas producto del «individualismo», de la «multidimensionalidad» y del «multiculturalismo» que caracterizan a la nueva sociedad de consumo de masas. Ya no tiene cabida el consumo jerárquico de la moda, sino que este, ha sido sustituido por el placer y la comodidad; pasando del estatus-símbolo a l´estilo-símbolo, como al desencadenamiento del proceso grupal al ámbito de la apariencia. El interés de este estudio etnográfico, empieza desde esta nueva perspectiva que intenta descifrar el nuevo papel de la moda a la sociedad más cercana que me rodea. En cuanto a los límites contextuales, o dimensiones del sentido de la interacción social, observamos que la forma de vestir es diferente según el espacio, no se suele vestir igual si uno va al trabajo, si está en casa o si sale por la noche, aunque sí está dentro de un mismo estilo, puesto que este estilo determina la sociabilidad y la pertenencia al grupo, donde el individuo es reforzado positivamente si viste como el grupo espera(se crea un vínculo social observacional) y es reforzado negativamente si no lo hace, arriesgándose a la exclusión si no se adapta a los condicionantes y normas del grupo, por lo que hace referencia a la estética y la forma de vestir, como bien explica Bandura en su teoría del aprendizaje social, creándose así modelos de conducta.

Hay que decir, que el consumo de la moda, es un instrumento de la jerarquía social, y en los objetos, un ámbito de producción social de diferencias y valores clasistas. En este sentido, la función social de la innovación formal en materia estética es una función de discriminación cultural. Puesto que la innovación formal en materia de objetos no tiene como fin un mundo de objetos ideal, sino un ideal social. Así es como la moda se convierte en instrumento de distinción de clases, reproduce la segregación social y cultural, y participa de las mitologías modernas que enmascaran una igualdad inexistente.

 

Desde una visión interaccionista, después de la crisis de las utopías revolucionarías y la caída de los colectivismos asistimos hoy a una revitalización del individualismo que conduce, entre otros efectos importantes, un desplazamiento del interés de lo que es público a lo privado, y una exaltación de los valores asociados a este último. En el ámbito de la moda, unos de los cambios que testimonian la emergencia de personalidades narcisistas, propias del individualismo contemporáneo, es que, paralelamente a la apariencia legítima, aparecen nuevos comportamientos individuales y colectivos en ruptura con el momento anterior. Si durante mucho tiempo la lógica social de la moda fue la de distinguirse socialmente mediante la forma de vestir, tal y como explicaban los de más edad de este estudio, cuando surgió el prêt à porter y el fin de las tendencias de temporada marcadamente unificadas, se divisa el final del dirigismo disciplinario de la apariencia y la aparición de la multiplicidad estética. Ya no hay una «sola moda», sino «una multiplicidad de modas» igualmente legitimes. Paralelamente, en frente a esta fragmentación estilística, se producen otros cambios significativos en los comportamientos y en las motivaciones del individuo con respecto a la moda. En primer lugar, se ve una mayor autonomía de la gente en relación con las novedades. Mientras que antes, había que adoptar los últimos modelos lo más rápidamente posible, en la actualidad, por el contrario, la tendencia es sólo indicativa.

 

Ya no hay una correspondencia entre la innovación y la difusión, entre la vanguardia creativa y el público consumidor, pues “la calle” se ha emancipado de la fascinación de los líderes de la moda y asimila las novedades a su ritmo y predilección. Así, es muy difícil estar pasado de moda. Las mujeres continúan siguiendo la moda, pero de manera más libre. Llevan lo que les gusta, lo que les va mejor, no la moda por la moda. El mimetismo directivo característico de la moda clásica ha dado lugar a un mimetismo de tipo optativo. Se imita lo que vuelve, cuando se quiere y como se quiere. Este individualismo narcisista conduce a la relajación de la preocupación por la moda. La moda entra en la era desapasionada del consumo, en la era de la curiosidad relajada y diversificada.

 

Otro de los efectos importantes del individualismo contemporáneo respecto a la moda, es que ha reducido la dimensión del símbolo jerárquico en favor del placer, la comodidad y la libertad. Pues con un vestido ya no se busca prioritariamente presumir de su pertinencia.

 

En la clase social, la moda, es sinónimo de una preferencia, un estilo de vida. El consumo de moda ha dejado de ser una actividad regulada por la investigación de reconocimiento social, para orientarse hacia el bienestar, la funcionalidad y el placer en sí mismo, esta es la influencia de la mayoría de la gente preguntada, excluyendo a los grupos sociales concretos, como los punks. La fuerza de lo que hacen la mayoría ha hecho de la moda un proceso donde la normalización de esta viene regida por el bienestar y placer, antes mencionado, que conforma el comportamiento como consecuencia de la interacción entre los individuos, creando así la “norma social”(*Sherif, 1936). De esta forma, avanza el individualismo narcisista, al que corresponde, no sólo el desarrollo del furor psíquico y corporal, sino una nueva relación con los otros y las cosas. La era de las motivaciones íntimas y existenciales, de la gratificación psicológica, del placer por sí mismo, de la calidad y de la utilidad de las cosas, ha tomado el relevo. Lejos de aparecer como un vector de reproducción de las diferencias sociales, el sistema de la moda en expansión ha permitido, más que cualquiera otro fenómeno, la continuidad de la trayectoria secular hacia la conquista de la autonomía individual y la reducción de las distancias sociales. En frente al individualismo, que rechaza cualquier consideración de orden social al acontecimiento de la moda, ha surgido una otra corriente del pensamiento que, sin reproducir patrones clásicos de la distinción de la moda, cuestiona el papel exclusivo del yo y realza a importancia de la extensibilidad del yo en grupos sociales a los que se pertenece simultáneamente o sucesivamente. En este sentido, para poder reflexionar en el tema de la moda hay que aclarar la idea de que asistimos al reemplazo de una identidad estable por un portador de máscaras sucesivas en esferas sociales cambiantes y un juegos de roles varios, que refuerzan las teorías de Erving Goffman y lo que dice Martín-Barón. En relación con la persona, hay que poner la atención a la existencia de que tenemos una multiplicidad de “yos”, por lo que en cada momento, «somos otro». Por lo tanto, lo que caracteriza y marca nuestro tiempo es la estética como expresión efectiva del ambiente grupal. Esta idea de los grupos, muestra que entramos en un tipo de sociedad en el que dominará la idea de la extensibilidad del yo, un “ego” que se pierde en el grupo. Cuando uno se viste del mismo modo que se viste su grupo(los hippies y punks de este estudio, por ejemplo), cumpliendo así una norma implícita, para la inclusión grupal, compartie con este, un marco común de referencia, como es la vestimenta, ya no tiene, propiamente hablando, un solo ego: sino que hay un ego extensible. Cuando uno lleva el uniforme punk, cuando uno lleva la vestimenta burguesa de tres piezas, se pierde en el grupo; y si en otro momento del día lleva otro uniforme (cambia, por ejemplo, el vestido clásico por el pantalón tejano, o cualquiera otra vestimenta sport) entra en otro grupo. De aquí, que hay algo de extensible en mi identidad, pues no somos únicamente estables, hemos perdido intermediando la idea de extensibilidad del yo. En este paradigma estético, la diversidad vestimentaria (cabellos multicolores, la manera de reutilizar los vestidos retro) tiene, en cierto sentido, la función de encimentar, de unirme a los otros, que se hará, según los cognitivistas, por los autoesquemas, esquemas de grupos y de roles. Según la teoría de la comparación social de Festinger, esto se dará siempre y cuando se haga una comparación con los miembros del grupo al que se pertenece para comprobar la validez y así establecer un vínculo de confianza según los parecidos. El hecho de vestir igual, visualmente da un efecto perceptivo de que la otra persona es igual que nosotros, favoreciendo la creación del vínculo. A la vez, estos grupos que salen un poco de la norma, punk y hipiies, aunque hoy en día están aceptados, vemos como los más conservadores, manifiestan una resistencia a dicha incongruencia, como hablaba Bruner según la teoría de la percepción, negándose así a aceptar la diferencia, puesto que a raíz de esta percepción, se forman una opinión negativa de estos, como decía Asch, sobre el tipo de persona que son, catalogando a los miembros de estos grupos como rebeldes, desviados o anormales y descalificando aquello que surja de ellos. (Jones y Davis) Esto trae como resultado una discriminación de los grupos estereotipados y categorizados que se salen de la norma. El hecho, es que estos grupos minoritarios, presentan una cohesión y consistencia diacrónica, puesto que tanto los punks como los hippies, han mantenido sus postulados desde hace mucho tiempo.

 

En este sentido, la apariencia, el regreso de la imagen a un primer plano, tiene una función de tipo comunitario, como acontece la escuela funcionalista de la sociología. Pero se trata de un sentimiento y de una experiencia compartida que hace que sea siempre parte de un grupo donde yo experimente algo y donde tenga un lugar que expresarme. No creo que haya narcisismo en las sociedades posmodernas, sino una especie de sujeto colectivo, una extensibilidad del yo, que aparece representada en unos reagrupamientos de tipo puntual. En estos últimos tiempos la moda se está orientando hacia formas mas maduras y sutiles creando un mecanismo de autorregulación por el que los consumidores eligen los productos en términos de ecología, rechazando con decisión la lógica de la diferenciación y buscando en su vestimenta la lógica de la identidad profunda, pasando así de una moda con una imagen de la persona superficial, a una expresión interior y profunda del yo manifestada a través de la forma de vestir.

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